Este escrito es un One-Shot, ya que supera las 500 palabras por lo que no puede ser un Drabble. Espero les guste, no lloren mucho (?).
La persecución parecía nunca terminar. Los maestros elementales corrían por las calles de la Nación del Fuego evitando a sus guardias a base de ataques de fuego, agua, aire y tierra, además de algún que otro búmeran por parte de Sokka. Cada vez se sumaban más y más, por lo que defenderse ya se convertía en una tarea olímpica.
— Aang, son muchos, ¿qué haremos? — preguntó Katara, mientras abatía a un inexperto maestro fuego.
— No lo sé Katara, no lo sé.
— ¡Pero Aang, debemos hacer algo, son demasiado! — insistió ella.
Toph sintió tensión en su voz.
— ¡Basta de presionarme, Katara! — Aang pareció explotar en un ataque de ira: — ¡Qué tal si dejan de depender del Avatar y piensan por sí mismos!
Los 4 restantes se miraron atentamente. Otra tanda de maestros juegos se acercaba, así que no tenían tiempo de pensar y reflaxionar sobre las palabras de Aang. Arqueros se asentaron en lugares altos de la ciudad, por lo que ahora se sumaban lluvias de flechas a la frenética huida.
— La salida ya está cerca. — anunció Zuko, mientras uno de sus codos era rozado por una llamarada.
El camino hacia la libertad estaba a unos metros. Sin embargo, ella acudió. Sin ser llamada, sin ser evocada. Pero ahí estaba, esperando por su víctima.
La muerte.
Tal como una aguja atraviesa a una delgada y suave seda, una flecha impactó en la espalda de Katara. Todo pasó en cámara lenta. Toph abrió sus ojos como si hubiese visto la escena, siendo seguida al segundo por Zuko, que no podía creer lo que sucedía. Sokka simplemente cayó al suelo, shokeado.
Dolor.
El Avatar tomó el cuerpo de su amada en el aire, como una pluma inerte que cae de una paloma moribunda. El vital líquido carmesí se escapaba por entre las ropas de la Maestra, mojándolas, manchándolas de muerte.
Furia.
La depositó en el suelo. Miró a Sokka, que enseguida salió de su impacto emocional para sostener el cuerpo de su hermana, que el Avatar hacía un segundo tenía. Enseguida entendió el mensaje, así que tomó a su hermana y salió corriendo por el arco que anunciaba la salida de la Nación hacia terrenos libres. Fue seguido por Toph y Zuko al instante.
El Avatar enfiló hacia las bestias sedientas de sangre, que hacía unos momentos habían provocado una tragedia. Los Maestros fuego corrían con todas sus fuerzas para matar al único ser que podía salvar al mundo.
Aang sintió el dolor. El dolor de perder a un ser amado. Ese dolor en el pecho que te avisa que nunca verás esos ojos brillantes de nuevo.
— Sigo aquí, a tu lado. — La esperanza tomó la mano del Avatar.
Katara estaba ahí, igual de sangrienta y pálida que hacía unos momentos, pero viva.
Esperanza.
— Pensé que me habías dejado para siempre. — dijo Aang, mientras la abrazaba como nunca.
— No Aang, simpre estaré contigo. — dijo ella con una voz ya algo recuperada. El agua control estaba sanando la casi herida mortal. — Ahora, terminemos con esto, por favor.
Ahora que sabía que su amada estaba a salvo, El Avatar entró en acción, y los cuatro elementos brillaron en una danza interminable.
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